
Todo jaujino que retorna a la tierra que lo vio nacer, algunos después de 2, 5, 10 , 20 ó 27 años como en mi caso, es ver nuestra Iglesia Matriz; me sentí como un niño que vuelve a su escuela, pero grande fue mi sorpresa porque ya mis amigos habían emprendido raudo vuelo a otros lugares, en busca de mejor porvenir, así como también otros tantos hicieron viajes intersiderales "al más allá", practicamente era un extraño no conocía a nadie.
Me aproximé a la puerta de la iglesia pero no ingresé porque estaban reconstruyendo y embelleciendo la parte interior. Por mi mente circuló en esos instantes como si fuera una película de cuando nuestra Plaza de Armas, tenía unos árboles gigantescos, la glorieta para jugar emulando a los artistas de las películas de los días martes "la serial". También existían dos puestos uno de jugos y gaseosa sin lugar a duda de Inca Cola y de la Inti, y otro para la venta de periódicos a cargo del Sr. Pánfilo Cáceres. quien contaba con su poderoso "radio cuadrafónico de madera" para escuchar los partidos que se jugaban en Lima.
Al llegar a Jauja mi misión era encontrar algún Kiko del Once Estrellas.
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